Nuestra historia

Una semilla en Valparaíso

 

La historia del Grupo Pardo Molina comienza mucho antes de que existiera como tal. Comienza en un internado en Valparaíso, donde un adolescente de Maipú llamado Daniel Enrique Pardo Huerta descubrió, de la mano de profesores chilenos y europeos, que la educación técnica podía cambiarle la vida a quien tuviera acceso a ella. Esa convicción no lo abandonó jamás.


De vuelta en Santiago, Daniel estudió Ingeniería Mecánica en la ex Universidad Técnica del Estado —hoy USACH— y Contabilidad y Auditoría en la Universidad de Chile, mientras trabajaba en Ferrocarriles del Estado. Fue también profesor de Matemáticas, Física y Termofluidos en la Escuela Industrial Domingo Matte Pérez de Maipú, devolviendo en el aula lo que la educación le había dado.


El nombre que lo dice todo

 

En esos mismos años, Daniel conoció a Gladys Molina Reyes, quien se convertiría en su compañera de vida y en el alma silenciosa pero firme detrás de todo lo que vendría. Mientras él daba clases y construía el proyecto educativo, ella sostenía la familia con determinación, criando a sus tres hijos en medio de circunstancias que no siempre fueron fáciles: una micro que entró al negocio familiar, un auto que se estrelló contra su pieza, una casa que se quemó y los dejó sin nada. La vida fue una escuela dura, pero nunca los dobló.


De esa historia viene el nombre del grupo. Pardo Molina es los dos: el pensador lógico y la parte emotiva y protectora. Y Alma Mater Studiorum —»Madre que nutre de conocimientos»— no es solo el nombre de la red de colegios. Es un homenaje explícito a ese espíritu materno que construye en silencio y que Gladys representa con cada acto de su vida.

El lema que guía a la comunidad —UT DÍMICO ITA DEMERETUM, «Según luchas así triunfarás»— tampoco es abstracto. Es una frase vivida en carne propia, forjada en las dificultades reales de una familia que eligió transformar la adversidad en propósito.



 

1981: El Liceo Hannover

 

En 1981, Daniel Pardo y un grupo de docentes de la Escuela Industrial A-N°74 fundaron el Liceo Politécnico Hannover en Maipú, que abrió sus puertas en 1982 con 8 cursos de primero medio y 12 funcionarios. La carrera inicial era Mecánica Automotriz, pero el espíritu pionero del liceo no tardó en manifestarse: ante la competencia y los cambios del mercado, el establecimiento fue de los primeros en Santiago en ofrecer Programación Computacional como especialidad técnica. Luego vendrían Electrónica Digital, Telecomunicaciones y Contabilidad, siempre un paso adelante de su tiempo.


Hoy el Liceo Hannover —oficialmente el Liceo Bicentenario de Excelencia Politécnico Hannover— es una piedra angular de la innovación en la educación técnico-profesional. Sus talleres de robótica y automatización están entre los más avanzados del sistema escolar chileno, en un área donde la mayoría de los liceos similares aún da sus primeros pasos. El MINEDUC lo ha reconocido con la Excelencia Académica en múltiples períodos, incluyendo 2020-2021, 2022-2023 y 2024-2025.



 

Una red que crece

 

En 2001 nació el Instituto Tecnológico Bicentenario de Excelencia San Mateo en Pudahuel, con 260 estudiantes y 15 docentes, respondiendo a la necesidad de educación TP de calidad en el sector poniente de Santiago. En 2006, la red sumó su tercer establecimiento: el Colegio Alma Mater en La Granja, que desde 2007 integra educación desde párvulos hasta cuarto medio, llevando el sello formativo del grupo al sur de la ciudad.


En 2017, la organización sostenedora se transformó en la Fundación Educacional Albert Einstein, una entidad sin fines de lucro que mantiene intacta la visión original. Entre 2019 y 2021, los tres colegios obtuvieron la gratuidad total, garantizando acceso libre a quienes más lo necesitan: más del 85% de sus estudiantes son clasificados como prioritarios o preferentes por JUNAEB.



 

Más allá del aula

 

Con el tiempo, el grupo fue desarrollando nuevas áreas que amplían su capacidad de impacto. Certificación Continua nació como OTEC para extender la formación más allá del sistema escolar, llegando a trabajadores y organizaciones. Parmol se desarrolló como área de gestión inmobiliaria y construcción, administrando propiedades y ejecutando proyectos de vivienda modular —entre ellos, viviendas basadas en contenedores adaptados— con el mismo enfoque práctico e innovador que caracteriza a los colegios.

Hoy, Grupo Pardo Molina es la expresión de más de cuatro décadas de trabajo sostenido: una organización que ha sabido adaptarse sin perder su norte, y que sigue apostando por la misma idea con la que todo comenzó: que el acceso a educación y trabajo de calidad puede cambiar la historia de las personas y sus comunidades.